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Entrevista del Diari de Terrassa a Josep Torrella: “La ingeniería es la optimitzadora de la empresa”

¿Cómo recibe este galardón que le otorga la Cambra de Comerç de Terrassa?

Ha sido una sorpresa. Me siento muy honrado. Creo que más que un reconocimiento a mi persona, es un reconocimiento a la empresa y a la familia. En estos más de 60 años de vida de la compañía, existe sobre todo la trayectoria de cuatro de mis ocho hijos y de una nieta. A ellos les corresponde gran parte de este premio.

¿Cuáles son las claves del éxito de Torrella Ingeniería-Arquitectura, una empresa familiar con más de 60 años de vida que es un referente en Catalunya y más allá?

Hemos realizado innovación continua. Nunca nos hemos planteado replicar un proyecto porque cada uno es único y necesita un tratamiento diferente. Hemos sido inconformistas con nosotros mismos y nos hemos centrado mucho en estudiar los procesos de fabricación para optimizarlos a través de los edificios y para que las construcciones sean funcionales. Además, hemos sabido diferenciarnos por la arquitectura, por no diseñar cajas de zapatos, sino buscar que los edificios tengan una elegancia, una gracia que refleje la imagen de la empresa.

De hecho, usted fue uno de los pioneros en un nuevo concepto de edificaciones industriales rehuyendo del concepto tradicional de llenar las fábricas de maquinaria.

En esos momentos se construían naves para después poner la maquinaria. Este sistema no tenía en cuenta que la industria empezaba ya a cambiar las exigencias, que debía ser más competitiva y que los procesos de producción comenzaban a ser más tecnológicos. No sé muy bien porqué ni cómo, pero intuí que teníamos que analizar mejor las necesidades de cada industria; no conformarnos con construir naves como se había hecho siempre sino intentar ir más allá y adaptar la construcción a estas necesidades de climatización, logística, fuentes de energía, vestuarios, comedores…, tener en cuenta el control de costes…

¿Los industriales tenían claro que había que realizar este cambio?

Lo asimilaron muy rápidamente. Procuramos que el industrial hablara, que nos explicase qué quería hacer, si pensaba en ampliar el día de mañana, qué inversiones y qué cambios de maquinaria tenía previstos… Les hacíamos preguntas para que se dieran cuenta de sus necesidades y posibilidades y que el precio del terreno no lo era todo para decantarse por uno u otro, que debían tenerse en cuenta cuestiones técnicas, topográficas y condiciones urbanísticas. Este cambio salió adelante, en gran medida, porque tuvimos una actitud de escucha proactiva.

¿Cómo ha cambiado el mundo de la ingeniería industrial en estos 60 años y cómo ha facilitado su trabajo la evolución tecnológica?

Antes todo lo hacíamos a mano. Al principio teníamos un proyectista que empezó a trabajar con nosotros con 14 años que dibujaba fantásticamente y el cliente quedaba asombrado, pero la digitalización ha sido un gran qué. Recuerdo que hacia 1980 participamos en un concurso en el que competíamos con otra empresa que había presentado un “render”. Nosotros no queríamos ser menos y encargamos una minipelícula a una empresa de Barcelona que tenía los ordenadores adecuados para ello. Tardamos una semana de cálculo de ordenador y un importe equivalente a 6.000 euros. Ahora, tenemos programas que nos permiten realizar proyecciones en 3D donde podemos ver la estructura, por donde pasan las instalaciones, dónde pueden haber problemas de intersección, puedes enseñar al cliente el acabado que tendrá… También hemos avanzado mucho en el análisis de datos, en la trazabilidad de los materiales…

¿Qué retos se presentan ahora. ¿Hacia dónde irá este sector?

La industria está cada vez más robotizada y esto permite alturas en almacenes que nunca te hubieras planteado. La robotización permite soluciones constructivas distintas. Otro cambio importante es la sostenibilidad y también la versatilidad del edificio, que pueda adaptarse a cambios de usos. Un importante inconveniente ha sido el cambio de criterio de las empresas. Antes eran más accesibles; ahora están más estructuradas y calibran mucho los costes y no lo suficiente todo el servicio que les puedes dar. La ingeniería nació por ser -y todavía es- la optimizadora de la empresa y muchos departamentos de compras no saben ver todo el valor que les podemos dar.

Ahora han abierto delegación en Madrid.

Sí, ahora estamos trabajando mucho allá. En el entorno de Madrid hay mucho terreno disponible y hay mucha actividad. En Catalunya falta terreno industrial cualificado. Son caros y no se encuentran.

Paralelamente a la labor profesional, usted ejerció la docencia durante 46 años. ¿Qué opina de los profesionales de hoy en día y la formación que reciben?

Si nos centramos en la enseñanza superior, creo que en la parte técnica, han creado demasiadas especialidades. Falta una formación básica algo más fuerte. Por otra parte, existe una tendencia a encerrar a los profesores en la universidad. Hay que vivir la realidad, la industria, la construcción. Deben captarse y mantenerse profesores con experiencia profesional y que hayan tocado muchos campos. Se debe facilitar que estas personas se dediquen a la docencia.

Entrevista a cargo de Laura Massallé. Fotografía de Nebridi Aróztegui

Ver entrevista original en Diari de Terrassa